martes, 19 de enero de 2010

MUNDO JURIDICO

¿Causas y consecuencias del terremoto en Haití?

“Un llamado a la conciencia mundial”


Por Raimundo Tirado
IPS/Diario DigitalRD.Com


“Y todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, sin que el hombre pudiera hacer nada para detener la catástrofe, demostrando su impotencia frente a las fuerzas superiores que manejan los entretelones de la naturaleza.” R.T.

El mundo recibió con sorpresa las noticias de que un terremoto devastador había arrasado con Puerto Príncipe, la capital de Haití, y causado daños de gran consideración a otros pueblos cercanos.

Los cables de prensa, las fotografías recibidas, la televisión y los reportes de Internet, nos han presentado un cuadro escalofriante de la gran hecatombe que ha desmembrado toda la infraestructura de la capital haitiana, producido más de 100 mil muertos, y afectado a unos tres millones de habitantes, que representan la tercera parte de la población nacional.

Las imágenes esparcidas por todo el planeta presentan un panorama conmovedor, donde se ven los cadáveres por doquier, la gente desesperada deambulando sin rumbo por las maltrechas calles y avenidas en busca de agua y alimentos, y cientos de miles de heridos con gran dificultad para ser atendidos, debido a que prácticamente todos los hospitales colapsaron.

A lo anterior se agrega que los derrumbes afectaron el aparato estatal, donde casi toda la infraestructura oficial quedó destruida o diezmada, incluyendo el Palacio Presidencial, el cual colapsó, lo mismo que la oficina recaudadora de impuestos, y los edificios que alojaban los ministerios. Se suman a esos colapsos, los de escuelas, universidades, comisarías, y el Palacio de Justicia.

Además, la infraestructura del único aeropuerto internacional de Puerto Príncipe, el Toussaint Louvertur, sufrió daños muy severos, dificultando el aterrizaje de aeronaves.

En el sector privado colapsaron las edificaciones de hoteles, supermercados, organizaciones no gubernamentales, organismos internacionales, y oficinas en sentido general. Y ni qué decir de las viviendas de la gran masa poblacional, de las cuales se estima que se han perdido más de un millón.

Lo que ha pasado en Haití no tiene precedente en la historia moderna, debido a que en diferentes puntos del planeta han ocurrido catástrofes que han arrojado un mayor número de víctimas, pero ninguna desmembró totalmente toda la infraestructura estatal, económica y cultural, como el caso que nos ocupa, dejando al país sin mecanismos para operar y recomponerse.

Y todo ello ocurrió en un abrir y cerrar de ojos, sin que el hombre pudiera hacer nada para detener la catástrofe, demostrando su impotencia frente a las fuerzas superiores que manejan los entretelones de la naturaleza.

Pero ya antes, en el año 2008, Haití recibió el embate de cuatro ciclones que inundaron de agua su territorio, se perdieron cientos de vidas, miles de hogares fueron barridos, y se registraron pérdidas estimadas en unos 900 millones de dólares, algo sumamente cuantioso para una nación tan pobre.

Aparte de todo lo anterior, el pueblo haitiano, desde su independencia, ha sufrido los rigores y el menosprecio de las grandes potencias mundiales y de muchos pueblos blancos del planeta. Es como si los poderosos lo castigaran por el hecho de que unos esclavos negros tuvieran el coraje de ganarle una guerra sangrienta a la potencia francesa, y declarar su independencia, siendo el primer pueblo que abolió la esclavitud en el mundo, el 1ro. de enero del 1804.

Francia que devastó al país en una guerra sin cuartel, obligó a Haití a pagarle una deuda de 150 millones de francos, por daños de guerra, lo que equivaldría a 44 presupuestos totales del Haití de nuestros días. Mucho más de un siglo llevó el pago de la pesada deuda, que los intereses de usura iban multiplicando. En 1938 se cumplió, por fin, la redención final, y los haitianos se quitaron de encima ese yugo que contribuyó de manera determinante a su postración y miseria.

Para decirlo en las palabras de Eduardo Galeano, los Estados Unidos, que mantuvieron con Haití una gran discriminación, demoraron sesenta años en otorgar reconocimiento diplomático a la más libre de las naciones. En 1915, los marines norteamericanos desembarcaron en Haití. Se quedaron diecinueve años. Lo primero que hicieron fue ocupar la aduana y la oficina de recaudación de impuestos. El ejército de ocupación retuvo el salario del presidente haitiano hasta que se resignó a firmar la liquidación del Banco de la Nación, que se convirtió en sucursal del Citibank de Nueva York. El presidente y todos los demás negros tenían la entrada prohibida en los hoteles, restaurantes y clubes exclusivos del poder extranjero. La misión civilizadora concluyó en 1934. Los ocupantes se retiraron dejando en su lugar una Guardia Nacional, fabricada por ellos, para exterminar cualquier posible asomo de democracia. Lo mismo hicieron en Nicaragua y en la República Dominicana. Algún tiempo después, Duvalier fue el equivalente haitiano de Somoza y de Trujillo.

Mientras tanto, en Brasil, se llamaba haitianismo al desorden y a la violencia, y fue el último país en el mundo en abolir la esclavitud, en 1888.

Simón Bolívar, que recibió de Haití toda la ayuda para su causa emancipadora, con la sola condición de que liberara a los esclavos, tampoco reconoció su independencia, y se limitó a expresar su gratitud enviando a Puerto Príncipe una espada de regalo. Bolívar dictó la abolición de la esclavitud en 1821, pero en la práctica nadie acató esa disposición. Treinta años después, en 1851, Colombia abolió la esclavitud; y Venezuela procedió de igual manera en el año 1854.

Sigue diciendo Eduardo Galeano: Los intereses de los grandes bancos norteamericanos, y las acciones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, convirtieron a Haití en una nación empeñada y sometida a las órdenes de estas dos últimas entidades, las que le pagaron negándole el pan y la sal. Le congelaron los créditos, a pesar de que había desmantelado el Estado y había liquidado todos los aranceles y subsidios que protegían la producción nacional. Los campesinos cultivadores de arroz, que eran la mayoría, se convirtieron en mendigos o balseros. Muchos han ido y siguen yendo a parar a las profundidades del mar Caribe, pero esos náufragos no son cubanos y raras veces aparecen en los diarios.

En definitiva, gran parte de las desgracias de Haití se debe a la discriminación de los grandes blancos, al accionar de varias potencias que succionaron sus riquezas y contribuyeron con su subdesarrollo. Presentaron a esa nación como lo peor, y nada hicieron para levantarla. Hoy el mundo debe sentirse culpable de esa discriminación y de todas las calamidades que han hecho pasar al pueblo haitiano.

Esa es una parte del problema, ya que por otro lado, muchos estudiosos han manifestado que el rosario de vicisitudes por las que ha pasado el pueblo haitiano desde su fundación como nación independiente, no es fortuito. Incluso algunos escritores han afirmado que esas calamidades se producen porque Haití es una nación alejada de Dios. Otros más osados se han atrevido a afirmar que los gobernantes haitianos que lucharon por la independencia hicieron pactos espirituales con entidades demoníacas, con el propósito de consolidar el poder de la recién creada república, acción que ha logrado a través del tiempo el efecto contrario.

Si observamos como están estructuradas las creencias en el pueblo haitiano, vemos que apenas un 16% de la población profesa el cristianismo, un 4% es ateo, y un 80% se mantiene atado a prácticas religiosas atrasadas, siendo el vuduismo, la creencia dominante.

Revisando la definición del vuduismo encontramos que es una Creencia religiosa afroamericana oriunda de los cultos africanos Ashanti y cuya aplicación práctica está basada en las técnicas de la hechicería antigua. El ritual del vudú está compuesto de danzas rítmicas mágico-religiosas cargadas de simbología esotérica y sexual, las cuales van acompañadas de cantos al ritmo de los tambores y en el que interviene necesariamente sangre procedente de sacrificios de animales.

Hasta mediados del siglo XX, las prácticas del vudú incluían sacrificios humanos y antropofagia. Los rituales son dirigidos por sacerdotes y sacerdotisas propias del vuduismo y tienen por objetivo arrancar el espíritu y la voluntad de una persona determinada a través de la muerte, para que ésta, en situación "post-mortem", vuelva a vivir transformado en un esclavo zombi que no obedece a las leyes de este mundo.

Cuando alguien conversa con cualquier haitiano de sus creencias religiosas, sale a relucir de inmediato el asunto del vudú y la sumisión que sus adherentes tienen a Lucifer o Satanás, y los pactos que sostienen cotidianamente con entidades demoníacas.

En lo personal, hemos constatado esta realidad con empleados haitianos que hemos contratado. La intención de esclavitud del alma sostenida por este pueblo desde sus ancestros, lo han sumido por la ley de causa y efecto, en otra esclavitud mayor: la de otros pueblos de mayor desarrollo y progreso que han sostenido sobre Haití la espada de Damocles.

Si nos detenemos a analizar detenidamente lo acontecido en Haití, encontramos de inmediato hechos irrefutables: la falla que produjo el terremoto estuvo localizada en la profundidad exacta para solo perjudicar al pueblo haitiano, y fundamentalmente, al centro de poder focalizado en la capital Puerto Príncipe. Nada ocurrió en el vecino país de la República Dominicana.

Se nota también que todas las instituciones que representaban al Estado Haitiano fueron destruidas, y la cabeza del gobierno quedó viva para contarlo, y para asimilar la impotencia de no contar con nada para dirigir a su pueblo. Y también, para que el Presidente y demás autoridades haitianas cambien el rumbo de su nación, rompiendo con todas las trabas y pactos ancestrales, para encaminarla por la senda del bien y de la justicia divina. Pero también desaparecieron todas las escuelas, los hospitales, los centros culturales, los centros religiosos cuyos representantes se desviaron de los principios divinos, la representación de la justicia, y miles de seres humanos, como si desde los planos superiores se tuviera la intención de remenear los cimientos de la sociedad haitiana, a fin de hacerla recapacitar sobre la necesidad de liberarse de prácticas alejadas del gran Dios, y de la gran ley de amor, afinidad y justicia universal.

Además, para que el hecho, sirva de reflexión a toda la humanidad, de enderezar sus pasos hacia la práctica de la fraternidad y del bien, a fin de que otros pueblos no sufran las calamidades del pueblo haitiano. Las escrituras bíblicas están plagadas de ejemplos donde naciones enteras fueron arrasadas, una y otra vez, por su desvío de las leyes divinas, y por el desconocimiento de la autoridad de Dios, prefiriendo la adoración de ídolos y de dioses paganos afines a su depravación y concupiscencia.

Que no le quepa a nadie la menor duda de que los acontecimientos ocurridos en Haití, y otros que llegarán en el futuro, son obras de la justicia divina. Pero como ésta última no desampara a nadie, y siempre destruye lo viejo para construir lo nuevo, ha llegado el momento del renacimiento, el momento de la luz y del desarrollo de la nación haitiana. Por eso, se nota el gran amor, la solidaridad y la conmiseración que todos hemos tenido con el pueblo haitiano. La humanidad ha hecho suya la causa de Haití, y particularmente la República Dominicana, que se ha entregado de manera total al socorro de la hermana nación, sin condiciones.

Los dominicanos se han volcado masivamente, incluyendo a sus autoridades, en favor de los haitianos, olvidando rencillas y conflictos ancestrales. El aeropuerto internacional de Puerto Príncipe se ha entaponado con todo tipo de ayuda que ha provenido de diferentes puntos del planeta. Lo que ha faltado es la infraestructura para distribuir todo lo que ha llegado.

Y, dadas las carencias de ese empobrecido país, es oportuno llamar la atención, clamar a toda la comunidad internacional, en el sentido de que la mejor ayuda que podríamos aportar a Haití, ahora que todo ha sido arrasado, es la de proporcionarle el establecimiento de una nueva organización que sistematice las actividades del país, comenzando por el Estado Haitiano y sus instituciones, inundando todo el territorio de escuelas y universidades, masificando la educación para que el pueblo haitiano salga del oscurantismo.

Contribuir de manera terminante a que Haití recobre su dignidad, levantando la infraestructura de producción necesaria, que permita a sus pobladores trabajar y vivir con decencia, a fin de que pierdan la condición de mendigos internacionales, y para que el ciudadano haitiano deje de ser una carga para otros países donde la necesidad los obliga a emigrar. Que nos empeñemos en dejar atrás la condición actual que vive Haití de ser un importador de todo lo que consume, creando una dependencia absoluta del exterior.

Que dentro de las ayudas, nos enfoquemos en levantar toda la infraestructura hospitalaria para garantizar servicios de salud adecuados a toda la población haitiana, haciendo hincapié en la plataforma sanitaria, y en el manejo de las aguas. Sin descuidar un proyecto para rescatar y cuidar el medio ambiente, que también ha sufrido los rigores de la ignorancia y la mala práctica que ha impuesto la miseria y la sobre-vivencia.

La creación de un fondo anual de dos mil millones de dólares, proveniente del pago de la deuda pública de América Latina y el Caribe con el Club de París, sometido por el gobierno dominicano, sería el inicio para concretizar la solidaridad internacional que, hasta ahora se ha traducido únicamente en ayuda humanitaria para atender a los efectos del terremoto.

Finalmente, y sin dudas lo más importante, masificar la llegada de misiones encargadas de evangelizar al pueblo haitiano en las prácticas del mensaje de redención que hace más de dos mil años trajo a nuestro mundo el Gran Maestro Jesús de Nazaret, que fomente el amor, la fraternidad y la entrega del ser humano a sus semejantes, aprovechando la actual coyuntura en la que los haitianos están recibiendo la solidaridad y la entrega de toda la humanidad para socorrerlos en su desgracia.

Y, así, todos nos sentiremos satisfechos de levantar desde lo más bajo, y retribuir a una nación, a la que le hemos quitado tanto, a la que hemos descuidado y menospreciado a través del tiempo, a la que hemos doblegado y puesto de rodillas por el solo hecho de que, siendo esclava, se pudiera liberar y proclamar su dignidad al concierto de las naciones. De esa manera, la humanidad completa se sentirá tranquila con su conciencia, y puesta a disposición de las grandes leyes divinas, que todo lo cobra y todo lo paga.

Santo Domingo, D. N., Rep. Dom.

Enero 19, 2010.

lunes, 18 de enero de 2010

MUNDO JURIDICO



Juez ordena libertad de Quirinito

SANTO DOMINGO.- (Tomado de HOY).- En un fin de semana en que el país tenía centrada su atención casi exclusivamente en la tragedia de Haití, dos jueces dictaron controversiales sentencias disponiendo la puesta en libertad de un grupo de acusados por sicariato al servicio del narcotráfico, incluyendo a Pedro Alejandro Castillo Paniagua (Quirinito), quien ha sido señalado por uno de los coacusados como quien mató al ciudadano español Adolfo Justo Cervantes Arellano (Waikiki).
Primero el juez provisional René del Rosario, de la provincia de Santo Domingo, quitó la prisión preventiva para darle presentación periódica a los acusados de ser los sicarios usados por un presunto narcotraficante para asesinar a cuatro personas que habrían delatado un cargamento de cocaína que transportaría camuflado con yautías.
El otro caso ocurrió ayer, cuando el juez José A. Vargas, del Distrito Nacional, ordenó la puesta en libertad de Pedro Alejandro Castillo Paniagua (Quirinito, sobrino de Ernesto Quirino Paulino Castillo), quien había sido trasladado de manera provisional a una celda del Palacio de Justicia por temor a que atentara contra la vida de uno de los coimputados que en un tribunal de San Cristóbal lo había señalado como el que hizo los disparos contra Waikiki.
Sus abogados, Joaquín Benizario (también abogado de El Gringo) y Freddy Castillo (uno de los abogados de Paulino Castillo (tío de Quirinito) aprovecharon el traslado provisional para interponer ante el juez Vargas un recurso de Hábeas Corpus alegando que éste no tenía ningún caso pendiente en el Distrito Nacional.
Al ordenar su libertad, el juez obvió que contra el imputado hay un juicio en curso en San Cristóbal y que el juez de allí ordenó la prisión preventiva.
La decisión del magistrado Vargas provocó un incidente en el Palacio de Justicia de Ciudad Nueva, ya que éste ordenó que Quirinito fuera liberado en la misma sala de audiencia, pero al no lograrlo subió hasta la celda del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva y advirtió al coronel encargado de la custodia que lo liberara de inmediato y que si permitía que lo trasladaran a San Cristóbal tendría problemas con él.
Quirinito había sido llevado al Palacio de Justicia porque el Ministerio Público de San Cristóbal entendía que era peligroso tenerlo junto al coimputado Jovanny Antonio Padilla Santiago, y/o Margaro Morel Otaño, y/o Rumaldo Fernández, porque éste había confesado cómo ellos habrían asesinado a Waikiki por orden de un narcotraficante de Santo Domingo.
Es por esa declaración que el tribunal de San Cristóbal cambió la medida de coerción que le había impuesto y le puso prisión preventiva. Padilla Santiago, quien hizo la confesión, fue dejado en San Cristóbal.
El inusual incidente protagonizado por el juez Vargas, quien hasta abandonó su sala de audiencia para gestionar la puesta en libertad de inmediato de Quirinito, hizo que el Ministerio Público volviera a trasladarlo a San Cristóbal, donde se conoce el caso del asesinato de Waikiki, quien a su vez fue investigado por el asesinato del capitán Guillermo Tejada Kranwinkel.
Caso Pedro Brand
La Policía acusó a Miguel Alfonseca Soto de ser quien mandó a asesinar a cuatro personas, cuyos cadáveres fueron encontrados en un camino vecinal de Pedro Brand. Se le atribuye ser responsable de otros 12 asesinatos.
Alfonseca Soto había sido repatriado a Estados Unidos (cuya ciudadanía posee) donde era buscado por narcotráfico. Habría contratado al grupo de sicarios dirigido por un reo que guarda prisión en La Victoria.
Prisión preventiva.
El 11 de enero pasado el tribunal encabezado por el juez Luz del Carmen Matos ordenó prisión preventiva contra Paniagua Castillo y Jeovanni Antonio Padilla Santiago por entender que tras las declaraciones de éste último, ambos representaban un peligro de fuga.
El crimen.
El español Adolfo Justo Cervantes Arellano, quien había sido investigado por la muerte del capitán de la Dirección Nacional de Control de Drogas Guillermo Tejada Kranwinkel, fue asesinado de varios disparos en San Cristóbal el 10 de septiembre de 2008.
Jefe de la PN cuestiona decisión de juez
El jefe de la Policía Nacional, Rafael Guillermo Guzmán Fermín, reaccionó ayer airado por la decisión del juez René del Rosario de poner en libertad a los sindicados como los sicarios que el mes pasado ejecutaron a cuatro personas en Pedro Brand.
El jefe policial se quejó de que los investigadores duraron más de un mes recopilando evidencias para que repentinamente un juez dicte una sentencia poniendo en libertad a los imputados.
El magistrado benefició con su decisión a Miguel Alfonseca Soto, señalado como el que contrató a los sicarios para matar a los cuatro hombres porque supuestamente contribuyeron a que fuera agarrado un cargamento de cocaína suyo. También el juez liberó a los supuestos sicarios.