Acoso contra la JCE, ¿Por qué?
Cuando leí la primera plana del periódico El Nacional el pasado jueves con la información de que Roberto Rosario denunciaba públicamente un acoso de funcionarios palaciegos en contra de la Junta Central Electoral, sólo recordé el refrán popular que dice: “Sólo hay que estar vivo para ver cosas”. Nunca me podía pasar por la mente que en un gobierno de Danilo Medina, al hombre que se la jugó por el país el 20 de mayo de 2012 frustrando todas las diabólicas conspiraciones contra el proceso electoral y los cómputos de las elecciones generales organizadas ejemplarmente ese día, se le podía acosar desde altas instancias del gobierno.
El presidente Danilo Medina debe parar en seco a los funcionarios de su gobierno que, a menos de dos años de las elecciones, estén acosando a la JCE con campañas mediáticas soterradas acerca de la supuesta falta de transparencia con la que el organismo electoral maneja los fondos y compras de la institución, haciendo causa común con enemigos de Roberto Rosario de la llamada “sociedad civil”, que han intentado mil diabluras para “hacerlo saltar” de su puesto como presidente del organismo electoral, desde mucho antes de las elecciones del año 2012.
La nación tiene derecho a estar cabalmente informada sobre lo que está ocurriendo y el porqué se acosa a Roberto Rosario. El ha sido desde el mando de la Junta Central Electoral un celoso guardián de la soberanía y la identidad de la República Dominicana, que se ha negado a ceder a chantajes y presiones internacionales con su comparsa de traidores locales, en procura de que se desacate el mandato del Tribunal Constitucional en su histórica y memorable Sentencia 168-13.
Es Roberto Rosario, en la Junta Central Electoral, el que tiene constitucionalmente la salvaguarda de la identidad civil en la República Dominicana.
Es la JCE el organismo que va a decidir quién reúne las condiciones para ser inscrito en el Libro de Extranjeros, en virtud de la Ley 169- 14; es la JCE la que está constitucionalmente llamada a velar porque ese proceso no sirva para falsifi cación o “invento” de identidades o para construir un “libro de apatridia” de extranjeros, como traje a la medida para validar las malvadas acusaciones internacionales contra la República Dominicana, como la organizada para el próximo miércoles por la ACNUR en La Haya.
La fi rmeza de Roberto Rosario en la Junta Central Electoral ha sido un muro de contención fundamental para los planes de fusión República Dominicana y Haití, a través del intento de prostituir los libros y documentos de identidad. Por eso es el blanco de las ONG’s, del Centro Kennedy y de los organismos internacionales que quieren forzar a la República Dominicana a darle nacionalidad a cientos de miles de haitianos que aleguen haber nacido en territorio nacional, bajo la acusación falsa de ser “apátridas”.
Que esos ataques vengan del exterior con sus sirvientes pagados en dólares en el territorio dominicano, es entendible. Sin embargo, resulta insólito que se usen altos enclaves del propio gobierno para querer derrumbar moralmente a la JCE y a su presidente, tomando como pretexto y excusa supuestas competencias legales de fi scalización, contrarias a la Constitución.
La posición de la Junta Central Electoral en voz de su presidente ha sido muy clara, en cuanto a que no se opone a que el organismo constitucional que puede fi scalizarlo, que es la Cámara de Cuentas, audite y supervise todo el manejo de fondos y operaciones de compras de ese organismo.
La Constitución de la República, por igual, es muy clara en cuanto a darle autonomía fi nanciera y presupuestaria a la JCE, lo consignó así, precisamente para evitar que organismos dependientes del Poder Ejecutivo puedan ejercer presión o acoso sobre el órgano supremo en la organización de elecciones de la República.
Resulta increíble que sea la Dirección General de Compras y Contrataciones (que aunque depende formalmente de Hacienda, todos sabemos en este país a qué Despacho responde) en ocasión de una litis de una empresa extranjera contra la Junta Central Electoral, impugnada legalmente a través de un abogado ex-coordinador general de Participación Ciudadana, sea una de las instancias usadas desde el gobierno para desacreditar al organismo electoral.
La disputa aparente ante la opinión pública es el proceso antes mencionado.
Sin embargo, como decía don Juan Bosch: “En política hay cosas que se ven y otras que no se ven. Y las que no se ven, son más importantes que las que se ven.” La realidad es que Roberto Rosario es un objetivo y “pieza de caza” de poderosos enclaves internacionales, con sus cómplices del patio, que buscan su descrédito para minar la fortaleza de su defensa a la soberanía de la República Dominicana y a la identidad civil de nuestro país.
Que sepan Roberto Rosario y la Junta Central Electoral que tendrán al país como un solo hombre respaldándolos en caso de que el acoso denunciado por él persista. Tengo fe y esperanza de que el Presidente Danilo Medina le pondrá fi n al mismo. Por el bien del país, de la identidad nacional y del proceso electoral venidero.
Por Dr. Vinicio Castillo Seman
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